Sentimientos cinéfilos...

viernes, 8 de febrero de 2008

El baile (1983), de Ettore Scola

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Existen películas donde la música adquiere cierta relevancia en la narración. Sin embargo, hay otras cuya musicalidad se convierte en el elemento esencial dentro la narrativa del film. Uno de estos ejemplos puede verse en El baile, de Ettore Scola, que refleja casi cincuenta años de la historia de Francia a través de las canciones y modas de época, sin diálogos que abrumen la capacidad actoral de los diferentes personajes que habitan un salón de baile parisino, magníficamente retratados por el talento de este director italiano.
En una noche de 1983, este viejo salón se viste de figuras grotescas que buscan pareja para bailar al ritmo de la música disco, con una banda de músicos arriba de un escenario. La primera imagen muestra al anciano barman que pone en marcha un aparato de música. Lentamente, comienzan a ingresar mujeres tan dispares como caracteres psicológicos existen: la histérica, la tímida, la desaliñada, la femme fatal, la anciana, la enamoradiza, aunque todas pendientes de su aspecto a través del espejo del salón. Luego de arreglarse superficialmente, las mujeres se sientan en cada mesa a la espera del sector masculino. Segundos después, una gran cantidad de hombres aparecen en el salón e imitan a las damas en la confirmación de su belleza exterior en el espejo. También el grotesco se manifiesta en ellos: se pueden encontrar el gordo, el tímido, el extrovertido, el anciano, el de anteojos, el dandy, el negro, el alto sin gracia, entre otros.
Paulatinamente, la timidez es vencida por los hombres, quienes comienzan a invitar a bailar a las mujeres. Diferentes pasos de baile, miradas de búsqueda sentimental, histeria y rechazos se suceden. El barman escucha el sonido de la cafetera hirviendo y mueve sus perillas. Las sombras del pasado empiezan a jugar un papel preponderante en la película.

1936. El triunfo del Frente Popular
Ante el movimiento de la perilla de la cafetera, la pantalla adquiere un tono entre el blanco y negro y el color. Ahora, los personajes bailan al ritmo de típica música francesa de la década del 30. Los actores, personificando trabajadores, disfrutan del triunfo en las elecciones parlamentarias del Frente Popular de Francia, coalición política de socialistas, comunistas y radicales, en mayo de 1936.
Pancartas, banderas rojas, un clima festivo proletario y el titular principal del diario de izquierda L´Humanité (“Le 3 Mai 1936 Victoire du Front Populaire”), recrean el momento que vive la historia francesa. La mayoría posee algo rojo en su vestimenta, el color primordial en el socialismo. Algunos bailan, otras comentan las noticias y una mujer, aislada de todo influencia, lee la revista de entretenimientos Cinemonde, cual ama de casa desinteresada del acontecer político y social.
En pleno festejo, un hombre de clase alta penetra con su mujer en el salón, a pesar del rechazo de ella para no mezclarse con la clase trabajadora. Un gesto del oligarca determina su tendencia política: a través de su monóculo, toca con su bastón la bandera roja que yace en las paredes. La mira extrañado. A pesar de sus prejuicios, son invitados a pasar y tratados bien por la masa obrera que se divierte. La ridiculización que hace Scola de los gestos, actitudes y miradas de esta pareja de clase alta es notoria: éstos no aceptan el champagne ofrecido, sino que sacan uno que llevaban con ellos; el habano; la caída de la silla del hombre; y la gran cantidad de monóculos utilizados.
Todos los trabajadores juntos hacen una ronda, donde uno de ellos, en posesión de un pañuelo rojo, baila al ritmo de la música, ante las risas irónicas de la pareja burguesa. En pleno festejo, llega al salón un personaje con sombrero que rechaza a una dama de clase baja e invita a bailar a la mujer del oligarca. Lentamente, esta dama de clase alta es seducida por este hombre que no parece ser un trabajador común. Quizás represente a uno de los teóricos del socialismo o un funcionario gubernamental, quien “seduce” a esta mujer a tomar sus ideas.
Hay una connotación interesante al final de este episodio, si así se puede dividir la película de Scola. El supuesto “teórico” o funcionario, en pleno baile con una trabajadora, le da una bofetada, mientras ella lo mira azorada. Esto puede tener una lectura ideológica y política. Al llegar el Frente Popular al poder, los trabajadores lo sintieron como una victoria propia y desataron una huelga extremadamente combativa, con ocupación de fábricas en toda Francia, de más de dos millones de obreros, que no se limitó a las reivindicaciones económicas sino que comenzó a amenazar la existencia del régimen burgués íntegramente. Se vivía en realidad una situación revolucionaria. ¿Pero qué sería de la potencia militar francesa y, por lo tanto, del pacto franco-soviético si se desataba la revolución? El gobierno de Frente Popular logró desviar este movimiento. León Trotsky caracterizó al nuevo gobierno de la siguiente manera: “El Frente Popular, se nos dice no sin indignación, no es en absoluto un cártel, sino un movimiento de masas. Por cierto, no faltan las definiciones pomposas, pero ellas no cambian las cosas para nada. El objetivo del Cártel ha sido siempre el de frenar el movimiento de masas orientándolo hacia la colaboración de clases. El Frente Popular tiene exactamente el mismo objetivo". Esta especie de frustración del máximo pensador de la Revolución Rusa puede manifestarse en la indirecta traición que sufren los trabajadores por parte del incipiente gobierno francés al no cambiar las reglas de juego. Por ello, la bofetada sería una metáfora de los tibios cambios sociales.
El futuro le daría la razón. Cuatro años más tarde de la asunción del gobierno del Frente Popular, la burguesía francesa, en uno de cuyos sectores había llamado el Partido Comunista Francés a confiar a la clase obrera con su política de colaboración de clases, capituló ante Hitler y abrió el paso a la implantación de un régimen títere pro-fascista. En el salón de baile, los pasos de baile al ritmo de una marcha militar dan paso a otra etapa de la historia francesa: la Ocupación Nazi.

1940-44. Ocupación y liberación de Francia
En el salón semidestruido, la música ya no se escucha ni hay hombres y mujeres bailando. Sólo el sonido a muerte de aviones y bombardeos y caras angustiadas y resignadas. Los nazis alemanes lograron penetrar en París, sacar al gobierno de turno y colocar un gobierno títere con capital en Vichy. La música melancólica que escuchan el barman con su mujer describe el peor momento de la historia francesa. Hay miradas de satisfacción por el plato de comida. Pero es una satisfacción momentánea porque saben el terrible momento que se avecina.
De golpe, otra imagen retrata esta difícil situación. El salón abre sus puertas, pero no hay hombres ni músicos. Sólo dos mujeres bailando entre ellas, una tomando alcohol y otra sentada en una de las sillas leyendo la revista “Cinevie”, como en todas las escenas del film, aunque con publicaciones de diferentes nombres. Las caras tristes de las bailarinas son un fiel reflejo del marido ausente por la guerra. Se muestran fotos de sus días felices. Hay llantos y pesadumbre.
Al lugar, llega un colaboracionista francés con un oficial nazi. El primero, de sobretodo, sombrero y con un maletín, tiene aspecto sombrío e inescrupuloso. Cambia la música que emite la radio y trata de obligar a las mujeres a bailar con el nazi. Dos lo rechazan y la ebria cae inconsciente al suelo. Sólo la rutinaria mujer que lee revista acepta, pero el baile sólo dura segundos.
Finalmente, el colaboracionista termina bailando con el oficial. El francés adopta la pose de la mujer y lo mira embelesado, como un amante y una metáfora de la sumisión francesa a la ocupación nazi. Sin embargo, nada es eterno. Las campanas anuncian la liberación de París. El nazi y el colaboracionista huyen del salón porque suponen los acontecimientos que vienen. El barman enciende las luces del lugar, mientras las mujeres ríen y se abrazan al percatarse de la recuperación de sus vidas y de Francia. El plano se abre a uno general y muestra a las damas en el medio de una ronda de varios hombres y mujeres que festejan por la liberación. Una bandera francesa es agitada incesantemente.
Mientras tanto, el mismo colaboracionista fisgonea los festejos detrás de una silla. Después de un tiempo, decide participar de la ronda festiva, aunque las miradas inquisidoras lo penetran, lo obligan a ir al medio de la ronda y no le permiten escapar. Finalmente, logra huir, avergonzado y con la condena social, que representa su figura, a todos los colaboracionistas.
Segundos después hace su entrada un símbolo de la guerra, de los derrotados físicamente, esa masa de personas que pierde inútilmente su vida en la estupidez de la guerra. Un hombre de cincuenta años aparece sin una de sus piernas, con muletas y mirada triste. Su cara denota cansancio y satisfacción de haber contribuido a vencer al totalitarismo. Una mujer lo recibe y lo invita a bailar. En una escena que demuestra que la esperanza es lo último que se pierde y que los imposibles son realizables, el discapacitado baila sin las muletas, mientras sus compatriotas lo miran sonrientes y alegres. Una etapa de la historia francesa moría y otra nacía, más cosmopolita.

1946. Los resabios de la guerra
El salón cambia de escenografía. La luminosidad colorida y la banda de música con nombre anglosajón (“Blue Boys Band”) reflejan un clima festivo. El barman mira sorpresivamente como la espuma del gas de la Coca Cola sube hasta rebalsar el vaso de vidrio, tratando de detectar cuál es la causa del gusto por esa bebida. La prueba y la escupe, símbolo de la artificialidad y el creciente imperialismo de Estados Unidos. El jazz norteamericano suena mientras los comensales bailan torpemente, como si recién estuvieran descubriendo estos raros ritmos. Los aliados han ganado la guerra. Norteamericanos, ingleses, franceses y soviéticos han vencido al totalitarismo nazi. Sin embargo, ahora la “ocupación” la realizan los yanquis. Pero esta vez será una ocupación cultural.
Dos soldados norteamericanos entran en el salón, acompañados por el ex colaboracionista de los nazis. Vaya reivindicación de este francés. El jazz es reemplazado por los ritmos de los musicales del cine de Hollywood. Cual Fred Astaire y Ginger Rogers, una pareja cambia su vestimenta en el salón para adoptar el vestuario de esas comedias norteamericanas. Mientras bailan, la luz blanca, típica de la cinematografía de época, acompañan sus movimientos. Algunos se ríen, otros quieren imitarlos. Todas las miradas están puestas en esa pareja.
La invasión de los gustos de la nueva potencia mundial acrecienta su poder de atracción. Ahora suena el rock and roll. Mientras una mujer muestra fotos a uno de los soldados, otro es el generador de una paradoja ya que saca su trompeta y toca La vida en rosa, una de las canciones francesas por excelencia, que tan bien interpretaba la voz de Edith Piaf. Sin embargo, la influencia norteamericana continuaría incrementándose.

1956. El triunfo mundial del American Way of Life.
La diversidad abunda en el salón. Una banda musical llamada “Los Acapulco´s Boys” demuestra el auge de los ritmos caribeños y brasileños de la época. La mujer de la revista continúa en su posición neutral frente a la vida. Tres adolescentes risueñas se divierten y miran sus ropas, tal como lo exige la moda. Algunos hombres se acomodan en la barra, como señal de un futuro ataque amoroso. Hay un soldado que parece haber vuelto de las colonias francesas en África, luego de las independencias de Marruecos y Túnez.
Una pareja de padres baila, mientras sus hijos parecen aburrirse sentados y avergonzados por la actitud de sus progenitores. Cuando uno de los presentes quiere sacar a la hija, los padres, con fuertes miradas, se lo prohíben. Aquí se demuestra la dureza del estilo burgués del “que dirán”, de mantener la compostura frente a los demás.
Minutos más tarde, aparece un hombre de anteojos, vestido de negro y rostro oscuro, con fines intimidatorios contra los bailarines, especialmente con uno de tez morena, a quien golpea en el baño. A nuestro criterio, este “patotero” muestra los resabios del nacionalismo y racismo francés, especialmente cuando la inmigración negra e islámica de las colonias africanas a Francia eran considerada un problema para los xenófobos.
Mientras el mulato recibe la feroz golpiza, dos hombres y una mujer, vestidos al estilo beatnik, cambian la música. Ahora suena Tutti Frutti, uno de las canciones de rock más conocidas, popularizada por Elvis Presley. La rebeldía comienza a asomar sus garras en el salón. La primera víctima es la hija de la familia, quien, satisfecha por este descubrimiento, se deja llevar por su acompañante. Su hermano, más tímido, se muestra sorprendido, aunque luego se suelta. La cerveza es la bebida preferida. Las piñas entre los dos beatnik terminan con el clima festivo del salón, mientras el moreno es llevado detenido por un potencial detective y el racista.

1968. El Mayo Francés.
A finales de los años 60, una ola de agitación conmueve al mundo. Jóvenes contestatarios son las protagonistas de diferentes revueltas en diferentes países: China, Checoslovaquia, Estados Unidos y México. Su culminación tiene lugar en París durante el mes de mayo de 1968. Esta juventud denuncia al sistema capitalista como totalitario, aunque ocultase su poder bajo formas de democracia, y se opone a la sociedad y a la cultura burguesas que, a través de la publicidad y la propaganda, generan ficticios deseos consumistas y manipulan las mentes de los hombres reduciéndolos a “esclavos felices”.
En esta efervescencia ideológica, la película ahora muestra un lugar oscuro, sonidos de sirenas de la policía y de rebeldía manifiesta en las calles de París. Es la hora del Mayo Francés. Jóvenes entran sigilosamente por la ventana del lúgubre salón. El silencio es su mejor acompañante. No quieren levantar sospechas. Sin embargo, buscan en la radio una canción que los identifique. La encuentran: Michelle, de Los Beatles, suena como un canto de esperanza, como un acto de rebelión frente al estilo de vida que imponen los poderosos, como una leve brisa de compañerismo musical en esa noche tan solitaria. Todos la cantan y la bailan, tal el colectivismo que muestran en sus actos, en la búsqueda de un bienestar general. Sus rostros demuestran cansancio por la valentía de romper las estructuras de una sociedad que oprime y no deja volar libremente el pensamiento.
Sin embargo, ese mundo soñado no será realidad en los años posteriores.

1983. El triunfo del individualismo
La película vuelve al año donde comenzó. Otra vez la música disco es tolerada y no disfrutada por esos gestos adustos, poco propicios al placer y cerca de la rapidez que exige la vida actual. Algunos comienzan a irse. Solos, como llegaron. Sin más compromiso que sus propias vidas. Caras frías se reflejan en la mirada que quiere transmitir Ettore Scola. No hay confianza entre los personajes.
Sólo una pareja amaga con retirarse juntas, pero salen separadamente. Un hombre ayuda al barman a acomodar las sillas, mientras éste despierta a la eterna lectora de revistas, quien ahora si parece estar dispuesta a bailar.
No queda nadie. La soledad del salón refleja el vacío del ser humano. Las luces se apagan. Otro día, el salón de baile abrirá sus puertas para, melancólicamente, trazar un pasado que muchos desean recobrar.

Sensaciones
Al no haber diálogos entre los personajes, el director Ettore Scola utiliza correctamente un lenguaje corporal en los actores para transmitir emociones como la angustia, la alegría, el miedo o la vergüenza.
En esta película, que recorre tantos años de historia vinculada a Francia y al lugar donde se desarrolla la historia, el baile sirve como vehículo a los personajes para comunicarse entre sí, interactuar y entablar contactos físicos que son expresados con extremada precisión para que el espectador entienda lo que está sucediendo en cada una de las escenas que conforman la estructura de este film. Pero también la postura adoptada por los personajes en determinados momentos de la película transmiten sensaciones y emociones que confirman qué tan importante es la comunicación no verbal, en este caso la corporal, para la comunicación humana cuando no existe la verbal.
Esto provoca que el espectador participe indirectamente del salón y observe con ojos de testigos directos los diferentes acontecimientos que suceden en el salón de baile.
La historia narrada es francesa, pero podría ser la de cualquier nación del siglo XX. Por ello, la simbología de los diversos personajes es universal. Y es aquí donde uno, como espectador, se siente representado y atraído por esta película de miradas, traiciones, gestos y música.

12 comentarios:

Antonio Tello dijo...

Bienvenido al mundo bloguero. He llegado hasta aquí buscando una imagen del Cristo de Pasolini (gracias) y me he llevado una grata sorpresa. Por su perspicacia, inteligencia y documentación tus post cinéfilos son para sentir y disfrutar.

Georgina dijo...

Me encantó tu reflexión acerca de la película. Una pena que no sigas con tu cine para sentir, saludos!

Ylyetzen Exnius dijo...

Es muy acertado tu comentario crítico sobre la película. Me parece que tienes razón cuando dices que la película puede ser interpretada desde cualquier contexto sin perder validez.

Es una película muy bien elaborada, que cuenta con un nivel actoral envidiable, pues se basa en la comunicación no verbal para expresarlo todo, lo cual exige más calidad por parte del actor

Ylyetzen Exnius dijo...

Agradezco el texto y espero que continúes con la labor. Es agradable leer estos textos.

roncuaz dijo...

Muchas gracias por tu excelente servicio a los que queremos ver y recordar buen cine... saludos y felicitaciones

Anónimo dijo...

Gostei muito da sua análise do filme O Baile. Uma escrita rica em detalhes, em observações pertinentes e recheada de emoção.
Parabéns.

Interchaves dijo...

Cada vez se me hace mas genial El Baile. La escena inicial con la presentación de los personajes me parece de lo mejor que pueda verse en el cine. Siempre recuerdo el esceptisismo con el que fui a ver una película sin diálogos. Scola demostró que podía haber seguido horas y horas manteniendo la atención del público. Simplemente le dijeron hasta aquí esta bien y le puso fin.

Anónimo dijo...

Coordino un cine club en Salta. Tus comentarios son excelentes. Estoy armando un ciclo de Cine sin Palabras. Felicitaciones. Mati

Anónimo dijo...

Romero,¡Te botaste! Tremenda sinópsis de "El baile". Podría uno no ver la peli y es suficiente con tu descripción.

Mi admiración

Sex Shop dijo...

Muy buenoooooooo!!!!!!!!

Sex Shop dijo...

Muy buenoooooooo!!!!!!!!

Poetas de APOA dijo...

Oscar: ¡¡Gracias por tu comentario!! Lo sumamos a nuestro blog!!... .y lo podés ver en http://apoaenelmoyano.blogspot.com.ar/2013/11/reunion-miercoles-13-11-2013-la-mirada_14.html
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